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martes, 1 de mayo de 2012

Ideales y negocios. Carlistas en Moralzarzal

Hace unos meses, durante una jornada de búsqueda de información en el Archivo Municipal de Moralzarzal, Antonio “Zárate” y un servidor descubrimos a un singular personaje ligado a la historia de Moralzarzal: el Barón de Sangarrén.
El Barón de Sangarrén,  Ramón de Altarriba y Villanueva, fue una de las figuras más relevantes del carlismo vasco en el último tercio del siglo XIX y fue también propietario de la concesión minera de las aguas minero-medicinales del manantial de La Fe, en el Portillo de La Mina, uno de los los lugares más mágicos del término municipal de Moralzarzal. 

¿Quienes eran los carlistas? Dice la Wikipedia que el carlismo es un movimiento político tradicionalista de carácter anti-liberal y contrarrevolucionario surgido en España en el siglo XIX que pretendía el establecimiento de una rama alternativa de la dinastía de los Borbones en el trono español. Los carlistas formaban el ala tradicional de la sociedad española de la época, englobando a los sectores católicos radicales y los defensores de la tradición (léanse fueros, privilegios...), siendo sobre todo una reacción anti-liberal ante la modernidad y el progreso de las ideas. Los carlistas utilizaron la disputa por el trono entre Isabel II de España, hija de Fernando VII y Don Carlos María Isidro, hermano del rey, como excusa para enfrentarse al derrumbe del Antiguo Régimen. Más allá del debate sobre la legitimidad del descendiente al trono, las tres guerras carlistas fueron el reflejo de dos diferentes concepciones políticas, sociales y de clase.

El 28 de febrero de 1876, tras la última Guerra Carlista del siglo XIX (1872-1876) el pretendiente al trono Carlos VII cruzó la frontera hacia Francia camino del exilio con cerca de 15.000 combatientes, orgullosos de no haber sido derrotados en el campo de batalla. Los que se quedaron aceptaron a regañadientes al  Rey Alfonso XII y acabaron conviviendo con el nuevo sistema político, la Restauración. 

No vamos a hablar aquí del carlismo, sino de algunos carlistas de este ala pragmática y neo-católica que mantuvieron su consigna "Dios, Patria, Fueros, Rey" al mismo tiempo que hacían negocios en los alrededores de Moralzarzal en el último tercio del siglo XIX.

El primero que vamos a mencionar es D. Ramón Manrique de Lara, el descubridor y promotor del manantial de aguas minero-medicinales de La Fe, del Portillo de La Mina y al que ya nos hemos referido alguna vez en este blog. Manrique de Lara,  autor de libros de contenido religioso ( lo que podría explicar el nombre otorgado al manantial, “La Fe”), perteneció a los círculos ultra-católicos y comités carlistas de Madrid durante la tercera Guerra Carlista (1872-1876), aunque evitó el destierro que sufrieron algunos de sus correligionarios tras prestar juramento de adhesión al Rey Alfonso XII en julio de 1875.

Creemos que fue ese mismo año, 1875, cuando Manrique de Lara comenzó los trabajos o su interés por las aguas del Portillo de La Mina. Fue él quién en mayo de 1883, en la Exposición de Minería, Artes Metalúrgicas, Cerámica y Cristalería celebrado en el Parque del Retiro de Madrid, realizó la puesta de largo de las aguas del manantial de La Fe . Las referencias a este personaje aparecen fundamentalmente en el diario La Esperanza, que llevaba el subtítulo de “periódico monárquico”, y que fue el órgano oficioso del carlismo y la cabecera más importante de la prensa absolutista española del siglo XIX.

Pero en torno a 1893 se produce un momento de crisis en la viabilidad de la explotación del manantial. A pesar que durante ese año había salido a concurso la plaza de Director de Baños de La Fe, en el mes de diciembre Manrique de Lara renuncia a la propiedad de la explotación “por no convenir a sus intereses, y no habiéndose presentado licitadores a las tres subastas de dicha mina, verificadas por no haber satisfecho el dueño el pago del canon de superficie” .

Pocos años después, el interés por la explotación de las aguas minero-medicinales del manantial de La Fe recae en el Barón de Sangarrén, una de las figuras más relevantes del carlismo vasco durante el periodo de la Restauración. Este personaje había participado en 1874, durante la Tercera Guerra Carlista,  en el sitio de las tropas carlistas a la ciudad de Bilbao, al frente del Batallón de Durango, siendo posteriormente un representante del ala moderada y pragmática del carlismo tras la proclamación de Alfonso XII, obteniendo la única acta de diputado carlista (por la circunscripción de Azpeitia, Guipúzcoa) en las Cortes de 1886.

Como una parte de la nobleza y la aristocracia de la época, el Barón de Sangarrén mantuvo negocios en el sector minero y del ferrocarril. A partir de jurar su acta de diputado en 1886, se interesa por negocios y concesiones mineras en la provincia de Madrid, apareciendo su esposa la Baronesa de Sangarrén como co-propietaria de la mina de cobre “Pilar”, en la localidad madrileña de Colmenarejo

No sabemos si el Barón de Sangarrén llegaría a realizar mejoras o cambios en la explotación del manantial de La Fe del Portillo de La Mina, ni cuanto tiempo estuvo al frente de la misma. En 1896, salió el nombramiento de la plaza de Médico-Director de Baños, lo que invita a pensar que el establecimiento estaba activo. Pero su aventura empresarial duró poco: en 1900 el Barón de Sangarrén renunció a la concesión minera del Portillo de La Mina, concesión que él había rebautizado con el enigmático nombre de “Mudarra”.

¿Mudarra? ¿por qué Mudarra? Tirando de Wikipedia, leemos que Mudarra es un personaje legendario que aparece en diversos romances, entre ellos el famoso “Romance de los infantes de Lara” y el cantar de gesta  “Los Siete Infantes de Lara”. Según esta leyenda, Mudarra es básicamente un vengador que tiene como objetivo vengar a sus hermanastros, los siete infantes de Lara, que habían sido decapitados por el mismo tío de los infantes.

El nombre de Mudarra podría ser un guiño a Ramón Manrique de Lara, ya que el origen del apellido de este último entronca con la leyenda y su espacio geográfico. Además de compartir el ideario carlista (y su derrota) y vivir ambos en Madrid, Manrique de Lara le pasó el testigo de la explotación del manantial de La Fe al Barón de Sangarrén. Pero este nombre podría ser también la expresión de un estado de ánimo. En esas fechas, en la última década del siglo XIX, permanecía entre un sector de los carlistas una amenaza velada de volver a “echarse al monte”, se incubaba un deseo de venganza por los desmanes del liberalismo. Mudarra puede que fuera el grito de quién contempla al final de sus días como ni su Dios, ni su Patria, ni su Rey, han triunfado. Y clama venganza.

En noviembre de 1900, el mismo año que renuncia a la concesión del Portillo de La Mina de Moralzarzal, el Barón de Sangarrén es detenido de madrugada en un hotel de Bilbao, días después de una nueva intentona golpista del carlismo producida en Badalona (Barcelona). La prensa señalaba que en el momento de su detención, el Barón se encontraba en la ciudad atendiendo sus negocios mineros. 

En 1906 fallece el Barón de Sangarrén, el mismo año en que los Hermanos Magallón recuperan la  explotación del manantial de aguas minero-medicinales de La Fe, actividad que había quedado abandonada durante el cambio de siglo.

Carlos María de Borbón, pretendiente al trono de España bajo el nombre de Carlos VII, moriría en 1909.


Don Carlos María de Borbón

No podríamos acabar este post sin mencionar a otro personaje que guarda todavía los secretos de la presencia de los Carlistas en Moralzarzal: Melchor Antuñano Martínez, natural del Valle de Carranza (Vizcaya), pero residente en Moralzarzal la mayor parte de su vida Pero esa es otra historia...


Fuentes utilizadas para la realización de este post:
  • El Imparcial, 17/07/1875
  • La Esperanza, 4/07/1856
  • El Liberal, 30/05/1883
  • La Vanguardia, 1886
  • El Día, 12/03/1893
  • BOE de la provincia de Madrid, nº 10, 11/01/1894
  • Actas del Ayto de Moralzarzal, 08/01/1900
  • Revista minera Metalúrgica y de Ingeniería, 1902
  • Diario de Huesca, 06/02/1893. En El Diario de Huesca, 125 años después

domingo, 12 de febrero de 2012

La lucha de los hermanos Magallón contra la tuberculosis

En el post del 7 de septiembre de 2011 (Buscando a los agüistas de Moralzarzal) nos preguntábamos como eran los que bebían las aguas del manantial de aguas minero-medicinales de La Fe y que tipo de personajes visitaban este balneario situado en el Portillo de La Mina, dentro del término municipal de Moralzarzal.

Eran tuberculosos y, probablemente, pobres. El agua minero-medicinal de La Fe, catalogada como “arsenical, ferruginosa, fuertemente nitrogenada y radiactiva”, se recomendó para dolencias como la tuberculosis, dermatosis escrofulosas y herpéticas, la anemia, la clorosis y como reconstituyente. Estas aguas, embotelladas, se vendían en las principales farmacias de España, dándose gratis a los pobres y a los establecimientos piadosos. En 1909, las aguas de La Fe se vendían en dos dispensarios antituberculosos de Madrid. 

La tuberculosis (TBC o TB), llamada antiguamente tisis, es una infección bacteriana contagiosa que afecta principalmente los pulmones. La bacteria más importante y representativa causante de tuberculosis es el Mycobacterium tuberculosis o bacilo de Koch, bacteria que fue descubierta en 1882. 

El descubridor del bacilo de la tuberculosis, Robert Koch (1843-1910) 

En el cambio de siglo, hacia 1900, un alto porcentaje de la población mundial estaba infectada por la TBC; la morbilidad y la mortalidad eran muy elevadas, no sólo por la virulencia misma del bacilo, sino por las precarias condiciones de salubridad, agravadas por el hambre, la miseria y el estado permanente de agotamiento físico debido al exceso de trabajo que incluso sometía a la población infantil a jornadas extenuantes. En estas fechas las estadísticas oficiales daban en España 30.000 fallecidos anuales de TB, aunque otros autores elevan la cifra a 50.000 o incluso 75.000. Pero como enfermedad social, sólo el 20% de los infectados de TB pertenecía a clases acomodadas, mientras que el 80% de los que la padecían eran pobres. La mortalidad era de un 63/1000 entre los ricos y ascendía a 232/1000 entre los pobres. En Madrid los distritos de mayor densidad de habitantes, con peores viviendas, ausencia de luz, aire y agua, con vistas a patios lóbregos fríos y húmedos, saturados de malos olores procedentes de  sumideros y letrinas, formaban los “distritos de la muerte”: la Inclusa y Hospital, eran los más castigados, seguidos por La Latina, Chamberí y Universidad.

Para evitar estos ambientes nocivos, y ante la necesidad de evitar el contagio, protegiendo niños, jóvenes y personas no enfermas, se buscó la reclusión de los pacientes en hospitales y sanatorios por largos períodos. En toda Europa se abrieron balnearios-sanatorios infantiles al tenerse la idea que la balneoterapia y el aire puro eran un remedio eficaz para el tratamiento de esta enfermedad.

Al mismo tiempo que se buscaba sacar a los enfermos del aire insano de las ciudades, el movimiento montañero y cultural que empezaba a visitar la Sierra de Guadarrama comenzó a crear el mito de la montaña, convirtiéndola en un medio de salud y de vida saludable. Se empezaron a alabar las virtudes y milagros del aire de la sierra y empezaron a construirse sanatorios, residencias y manantiales de salud.

Esta corriente fue probablemente la que llevó al propietario del manantial La Fe, que funcionaba desde finales del XIX, a ampliar las instalaciones en el Portillo de La Mina y construir un balneario para tomar inhalaciones. No sabemos cuando se construyó el balneario, pero en 1911 no estaba todavía operativo.

Pero es que el impacto de la tuberculosis en la población infantil en este primer tercio de siglo generó una demanda de sanatorios infantiles que llegó hasta el pleno del Ayuntamiento de Moralzarzal. En el Libro de Actas con fecha 18 de marzo de 1911 hemos encontrado:
“...se dio cuenta de la circular dirigida a la Alcaldía de esta villa por las sociedades Club Alpino Español, Sociedad Gimnástica Española, Universidad Popular de Madrid, Sociedad Naturalista Española, Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid, Escuela Nueva y Compañía Madrileña de Urbanización, cuyas sociedades ¿? de dotar a los pueblos de la Sierra de Guadarrama de medios para su prosperidad y para que puedan servir de instalación de sanatorios y otros medios para los habitantes de Madrid, solicitan que se ¿otorgue? representación por este ayuntamiento para que asociándose a las ideas que persiguen dichos asociados propongan los medios de vida o de adelanto que se consideren necesarios en esta localidad. Teniéndolo en cuenta esta Corporación el apoyo que las ideas de la circular son ventajosas, acordó nombrar como representante a D. Francisco Magallón, vecino de Madrid con domicilio en la Calle San Bernardino 10, para que poniéndolo de acuerdo con dichas sociedades, proponga los medios que se consideren necesario en esta villa para que los habitantes de Madrid puedan concurrir a la misma”.
Francisco Magallón, junto con su hermano José Santiago, eran en las primeras décadas del siglo XX los propietarios del manantial de las aguas de La Fe, y por la calidad de sus aguas recibieron el premio otorgado por la Exposición de Industrias Madrileñas de 1907. Ambos hermanos, aunque residentes en Madrid, formaban parte de la colonia de veraneantes de Moralzarzal. Había un tercer hermano, Manuel Magallón, médico cuya tesis doctoral, leída en 1918 se tituló "Utilidad y medios de purificación y mejoramiento de las aguas potables". Manuel Magallón también fue traductor de textos sobre la curación de la sífilis y, esto es importante, publicó en 1909 el libro “Empleo de las aguas arsenicales en el tratamiento de la tuberculosis”.

Los hermanos Magallón fueron, además de empresarios y veraneantes de Moralzarzal, impulsores de la lucha contra la tuberculosis a través de las propiedades de las aguas minero-medicinales y el aire puro de la Sierra. Y más allá del balneario de La Fe en el Portillo de La Mina, no parece que el resto de iniciativas tuvieran éxito. Las Actas de los plenos municipales recogen que en 1935 el médico de Moralzarzal, D. Carlos España, en nombre propio y de otros veraneantes solicitaba la concesión de unos terrenos (15 Ha) del monte Matarrubia en el sitio del Cerrillo de Las Pozas para construir un Preventorio Infantil. Aunque el ayuntamiento dio el visto bueno y trasladó la petición al Distrito Forestal, la guerra civil debió impedir que prosperara el proyecto.

Tras la guerra civil y el declive de la hidrología médica, el manantial y el balneario de La Fe cayeron en el olvido. Y muchos años después, en 1996, con motivo de una investigación sobre aguas minero-medicinales en la Comunidad de Madrid, un investigador realizó nuevos análisis químicos en los manantiales del Portillo de La Mina. Dichos análisis mostraron que el agua era de baja mineralización, con niveles elevados de radón, alto contenido en hierro, "si bien los niveles de arsénico son insignificantes". Concluyendo, que estas aguas no eran más que agua de montaña ferruginosa y con ligera radiactividad con posibles indicaciones terapéuticas. El autor de dicho estudio habla del “controvertido carácter medicinal de sus aguas”.

Tuvieran o no arsénico suficiente hubiera dado igual, ya que las aguas arsenicales no curaban la tuberculosis. La buena alimentación y la salubridad eran la mejor medicina preventiva. Luego llegaría la primera vacuna, con el bacilo atenuado, en 1924. Y en 1943 se purificó el primer antibiótico, la estreptomicina, que fue el primer antibiótico con acción efectiva contra el bacilo de Koch, a partir de lo cual cambió radicalmente el tratamiento y el pronóstico de la enfermedad.

¿Sirvió para algo todo el esfuerzo de los hermanos Magallón?. Sin duda. Ellos hicieron lo que en su momento se creía que podía ayudar a curar la enfermedad, y este post es un reconocimiento a este esfuerzo.

Gracias a los avances médicos, hoy en día la tuberculosis tiene muy poca incidencia en el primer mundo, pero resulta un problema grave en países en vías de desarrollo, especialmente en África, donde la combinación con el virus del SIDA forma un cóctel letal. La tuberculosis sigue siendo una enfermedad de pobres y la existencia de vacunas y antibióticos no basta para reducir la incidencia de este patógeno. Sigue haciendo falta gente como los hermanos Magallón.


Fuentes utilizadas para realizar este post:

- Conocer Moralzarzal:  www.conocermoralzarzal.com
- Actas del pleno municipal del Ayuntamiento de Moralzarzal del 18 de marzo de 1911.
- Martín, J. (2007). Historia de Moralzarzal. Ayuntamiento de Moralzarzal.
-  Martínez Galán, I. (1997). Balnearios y Manantiales de aguas minero-medicinales de la Comunidad Autónoma de Madrid. Ediciones de la UCLM. ISBN 84-8427-218-4.
- Diario La Época, 21/09/1907

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Buscando a los agüistas de Moralzarzal

Seguimos dándole vueltas al tema del último post, el manantial y balneario de La Fe del Portillo de La Mina.

En aquellos años de principios del siglo XX, a los que gustaban de tomar las aguas en los manantiales de aguas minero-medicinales, generalmente gente pudiente, se les llamaba “agüistas”. ¿Y cómo eran los agüistas de nuestro balneario de Moralzarzal?

Todavía no los hemos encontrado, pero sabemos de que pelo eran y como gozaban los visitantes que acudían a los establecimientos de la “competencia”, los dos balnearios que había en el pueblo de Guadarrama: La Porqueriza y La Alameda.
Detalle del mapa del IGN de 1923 donde se puede observar el manantial de La Porqueriza y la Colonia del Doctor Rubio (arriba a la izquierda y centro) y el Balneario de La Alameda, en el mismo pueblo de Guadarrama.

Pero empecemos por el principio. Entre 1877 y 1898 se produjo la época de esplendor y madurez de la hidrología médica en España. Esta ciencia aplica las cualidades de las aguas minero-medicinales para resolver los problemas de salud. Los avances científicos, en especial los análisis químicos, permitió que el sistema de salud se institucionalizada e, incluso, se convirtiera en una moda y un símbolo de estatus social.

Las iniciativas empresariales para construir balnearios en la Sierra de Guadarrama estuvieron promovidas por la burguesía y la aristocracia madrileña. El balneario no sólo era un centro sanitario, era un lugar de encuentro, de vida social, con pautas de comportamientos establecidas y saludables.
Tertulia de los distinguidos agüistas de La Porqueriza. Foto: revista El Gráfico, 1904. 

Y aunque en la Sierra de Madrid no existía la tradición y la historia de otras regiones españolas, donde las termas y fuentes romanas habían derivado en populares y afamados balnearios, la montaña madrileña se empezó a exaltar como espacio para la salud y el bienestar. La salubridad se convirtió en estos años en el espejo donde se miran los madrileños y la prensa exalta las virtudes y milagros del aire y los paisajes de la sierra. Todo ello repercute en la creación de sanatorios, residencias y manantiales de salud, manantiales donde se embotellaban aguas con propiedades curativas y en cuyas cercanías se ofrecían estancias en bellas colonias con encanto

El ferrocarril tuvo una incidencia clave en el desarrollo de este tipo de establecimientos. Durante muchos años, allá a donde llegaban los caminos de hierro, se convertían en el medio de transporte de elección para los agüistas, sin otro posible competidor. En el año 1861 se inauguró el ferrocarril de Madrid al Escorial, pasando por Villalba, y el negocio floreció.En las siguientes  décadas se descubrieron, registraron y declararon de utilidad pública varios manantiales.

Detalle de la provincia de Madrid del Mapa y Consultor Estadístico Hidro-Mínero-Medicinal de la Península Ibérica, editado en 1903, en el que aparecen detallados los balnearios de La Porqueriza y Guadarrama y su conexión con la estación de tren de Villalba.  

Una década más tarde, la guía descriptiva de los ferrocarriles españoles de 1913 (una especie de guía Michelín pero de ferrocarriles) mencionaba que la estación de tren de Villalba es punto de acceso a los balnearios de La Alameda (9 km) y aguas de La Porqueriza (12 Km), ambos en Guadarrama, y la de Moralzarzal (10 Km).

El origen de la fama de estas aguas es incierto. En La Porqueriza, por ejemplo, circuló la leyenda de una sanación de una piara de cerdos (otros fuentes dicen que el milagro obró en un perro) en los lodos de la fuente. El caso es que de la moda y las nuevas tendencias higienistas se pasó a la exageración y la propaganda. La revista El Gráfico publicó el 10 de agosto de 1904 un extenso artículo sobre las aguas de La Porqueriza, en Guadarrama, en que se afirma que las aguas de este manantial “podían competir con otras muchas de gran nombradía”. El artículo alababa las virtudes de la vida en la colonia veraniega: “Aromas de flores que embalsaman el aire salutífero de la montaña, adorable quietud que tanto place después del agitado torbellino de la vida cortesana, deliciosa temperatura, buena instalación, cocina excelente; todo contribuye a que los meses estivales transcurran en la Colonia con la rapidez y el encanto de un sueño color de rosa”.
Anuncio de la Colonia del Doctor Rubio, cerca del manantial de La Porqueriza (Guadarrama) 
en el diario ABC del 9 de junio de 1908

Del Balneario de La Alameda, también en Guadarrama, el ABC del 28 de junio de 1906 publicó un propagandístico artículo en el que se decía “que el servicio esmeradísimo y la comodidad que representa tener el magnífico manantial dentro del balneario, hacen que, sin disputa, pueda calificarse como uno de los mejores de España” “siendo las aguas más radioactivas de España”.
Anuncio sobre el balneario de La Alameda (Guadarrama) en El Liberal del 4 de enero de 1906.


No acababan aquí las hipérboles. En otro artículo exaltando las virtudes de este último balneario, el ABC del 1 julio de 1906 escribía que “pocos lugares habrá en España más pintorescos; pues el balneario está situado en una de las mayores alturas de la sierra de Guadarrama”. Ese mismo año, pese a haber transcurrido tan solo 8 meses desde su inauguración, los propietarios ya habían obrado milagros, pues “han logrado felicitaciones y enhorabuenas expresivas de enfermos curados y de los médicos de todas partes que han tenido ocasión de conocer el prodigioso efecto de las aguas de La Alameda”.

Agüistas tomando las aguas en el manantial de La Porqueriza en 1904. 
Foto: revista El Gráfico, 1904
Imagen actual del manantial de La Porqueriza. Foto: Miguel Ángel Soto

En este contexto empresarial, donde la prensa se hace eco del interés de las clases acomodadas por las virtudes de las aguas de la Sierra de Guadarrama, la Estadística Minera de España informa en 1911 del manantial de agua medicinal arsenical ferruginosa titulada La Fe, en el Portillo de la Mina, Moralzarzal. Según el autor, que ha visitado el establecimiento (ver anterior post) numerosos expertos y análisis químicos alaban la calidad de las aguas de este manantial, llegando a afirmar la publicación que “atendiendo a su mineralización (el manantial) podía citarse entre los más notables de Europa y ocupar, con justicia, la atención del mundo científico”.
Ruinas del balneario del Portillo de La Mina, en las proximidades del manantial minero-medicinal de La Fe.

En 1911 todavía no había abierto el balneario de la Fe, sólo funcionaba la embotelladora de aguas minero-medicinales. Pero, curiosamente, fue el establecimiento que permaneció abierto durante más tiempo, al menos entre 1893-1930. La Declaración de Utilidad Pública es anterior a la de las aguas de La Porqueriza o La Alameda y todo parece indicar que el establecimiento seguía abierto incluso cuando los balnearios de Guadarrama ya estaban cerrados.

Pero nuestro balneario era modesto y en nada se parecía a los de Guadarrama. Observando las ruinas del edificio donde ¿pernoctaban? los agüistas es obvio pensar que éstos no gozaban de los lujos y el glamour que ofrecían las instalaciones competidoras. Mientras los agüistas de los balnearios de Guadarrama llegaban en coche desde la estación de tren de Villalba, los de La Fe tenían que subir en caballerías hasta el Portillo de La Mina; si en La Porqueriza tenían un cocinero francés, es fácil pensar que el menú en La Fe no alcanzara ese rango; los agüistas de los balnearios de Guadarrama se entretenían en amenas tertulias, en el casino y los niños jugaban al “croquet”, ¿cómo se entretenían los agüistas de la humilde montaña cebollera?

Según la propaganda oficial, el Marqués de Grijalbo, la Condesa de Valmaseda, distinguidos sportman del momento y famosos cronistas (periodistas) de la época acudían a Guadarrama ¿Pero que tipo de personajes se tomaban las aguas de La Fe?


Detalle del reportaje de la revista El Gráfico sobre los agüistas de La Porqueriza. Puede observarse en la foto de la izquierda  a los agüistas acercándose en burros a beber el agua desde la Colonia del Doctor Rubio y, a la derecha, el coche que conectaba la estación de tren de Villalba con la Colonia.

El Portillo de La Mina, montaraz y solitario, era más espartano, más monacal, más austero. El propietario, construyó un acceso al pozo con fuertes muros de piedra donde los agüistas podían bajar a tomar las aguas bajo un techado. Pero quizás estemos especulando demasiado....
Muros que contienen el pozo donde los agüistas del balneario de La Fe bajaban a tomar las aguas. Foto: Miguel Ángel Soto

Hay algo frustrante en esta historia. Las aguas de Moralzarzal, a diferencia de las de Guadarrama, tenían una larga tradición: la Fuente de la Salud, que se remonta, al menos, hasta el siglo XVII (ver post del 4 de junio). Además, fuimos los primeros, ya que los dos primeros manantiales en descubrirse y declararse de utilidad pública fueron los del Portillo de La Mina: La Fe y la Fe Perseverante (ver post del 4 de agosto). Moralzarzal partía con ventaja dada la fama de sus aguas y su pronta iniciativa empresarial, pero Guadarrama tenía mejores comunicaciones. Una putada.

Lo cierto es que el manantial y balneario de La Fe ayudó sin duda a propagar las bondades de Moralzarzal como lugar de veraneo: buenos accesos a Madrid a través de la estación de tren de Villalba, buena fama de sus aguas y paso obligado de los excursionistas que se dirigían a La Pedriza.

Excursionistas...ese será el motivo del próximo post.



Fuentes utilizadas:
  • Mapa y Consultor Estadístico Hidro-Mínero-Medicinal de la Península Ibérica, 1903. 
  • Revista El Gráfico, 10 de agosto de 1904.
  • El Liberal, 4 de enero de 1906.
  • ABC del 28 de junio de 1906.
  • ABC del 1 julio de 1906.
  • ABC del 8 de julio de 1908.
  • Estadística Minera de España, 1911.
  • Guía descriptiva. Compañía de los Caminos de Hierro de España. Verano de 1913.
  • Martín, J. (2007). Historia de Moralzarzal. Ayuntamiento de Moralzarzal
  • Hojas 508 (Cercedilla) del mapa 1:50.000 del Instituto Geográfico Nacional, año 1923.
  • Esplendor de la hidrología médica Española. Historia de la Sociedad Española de Hidrología Médica. Siglo XIX. Balnea nº 69, 2006, núm. 2: 61-71.

jueves, 4 de agosto de 2011

Dudas sobre La Fe en el Portillo de La Mina

Mucha gente desconoce que en Moralzarzal hubo un establecimiento de aguas minero-medicinales y un balneario durante la época dorada de la medicina hidrotermal (últimas décadas del siglo XIX y primeras del siglo XX), años en los que huir del mundanal ruido de la ciudad, tomar aguas con propiedades medicinales y pasar el verano en un balneario era, además de muy "chic", remedio para muchos males. Algo habíamos empezado a contar en este mismo blog en el post del 4 de junio titulado "La Fuente de la Salud".

Con motivo de la investigación que Antonio Zárate y un servidor tenemos abierta sobre este manantial y balneario de aguas minero-medicinales de "La Fe", localizada en el Portillo de La Mina, hemos encontrado textos que, además de hacer más compleja la historia, introducen ciertas dudas sobre la bondad de estas aguas.

Vista del estado actual del establecimiento de  aguas minero-medicinales de La Fe, en el Portillo de La Mina. A la derecha se observan las ruinas del edificio de la embotelladora, construida con anterioridad a 1911. A la izquierda, las ruinas de un edificio mayor construido posteriormente a 1911 y que pudieron servir para dar cobijo a los visitantes al Balneario. Delante de este edificio se encontraba la trinchera con el pozo con el manantial de "La Fe".  Foto: Miguel Ángel Soto

Las dudas proceden de una investigación fechada en el año 1997 (no citaremos todavía el estudio), donde se afirma lo siguiente: “Las aguas de este manantial son de origen superficial, por lo que su caudal es irregular, llegando a desaparecer en las épocas de estío. Por esta razón, desde el momento en que comenzó su explotación, fue muy controvertido el carácter medicinal de sus aguas”.

¿Dudas sobre "La Fe"? Sorprende este comentario ya que desde un principio estas aguas fueron apreciadas por su contenido en hierro y arsénico y, posteriormente, por su carácter radiactivo, figurando en la Guía Oficial de 1908 como agua arsenical, ferruginosa, fuertemente nitrogenada y radiactiva. Estas aguas se recomendaron para combatir catarros, dermatosis escrofulosas y herpéticas, la tuberculosis, la anemia y la clorosis y como reconstituyente. ¡¡ Y se dispensaban en varias farmacias de Madrid para combatir la tuberculosis ¡¡
Mapa-croquis de la embotelladora de aguas minero-medicinales de la Fe, en el Portillo de La Mina (Moralzarzal) según la Estadística Minera de 1911.


Pero, antes de seguir debatiendo sobre las analíticas, hagamos un breve recorrido por este establecimiento/balneario de aguas minero-medicinales. Algunas de estas informaciones han sido ya publicadas por Antonio "Zárate" en su página http://www.conocermoralzarzal.com/fuentes.htm, por lo que aconsejamos una visita a dicha página para ver los anuncios y noticias que la prensa del momento recogía sobre este "famoso" balneario madrileño.

No están claros todavía los comienzos. Según unas fuentes, en torno a 1875 comienzan los trabajos de investigación por parte del primer propietario, Ramón Manrique de Lara. Según otras, en 1881 el Ingeniero Hidráulico Alfonso Richard descubre el manantial y solicita la autorización legal para explotar sus aguas. Ese mismo año se realiza el primer análisis químico a cargo de D. Laureano Calderón. En 1883 se informa del análisis de las aguas de La Fe por parte de dos farmacéuticos de Madrid, D. Ricardo de Sádaba y D. Victor Sánchez Delgado. En 1888, D. Benito Torá y Ferrer analiza las aguas de “La Fe”. Nuevamente, en 1890, D. Enrique Falces y Odiaga analiza las aguas de “La Fe Perseverante”. En 1891 llega por fin la Declaración de Utilidad Pública. El propietario es Ramón Manrique de Lara. En 1893/1894, sale a concurso la plaza de Médico Director de baños y aguas minero-medicinales de Moralzarzal, que será cubierta en 1896 por D. Eduardo Moreno Zancudo, que procede de los baños y aguas de Nanclares de Oca. En 1907 las aguas de la Fuente de La Fe reciben el premio otorgado por la Exposición de Industrias Madrileñas como expositores de productos. En 1909, las aguas de La Fe se dispensan en dos dispensarios antituberculosos de Madrid.
Restos de botellas de vidrio en los alrededores del manantial de aguas minero-medicinales de La Fe. El agua era embotellada y vendida en varias farmacias de Madrid
Foto: Miguel Ángel Soto

En 1911, la Estadística Minera de España informa por primera vez del manantial de agua medicinal arsenical ferruginosa titulada La Fe, en el Portillo de la Mina. Se cita que diferentes químicos, cómo Sádaba, Sánchez Delgado, Torá, Puerta y otros, han evidenciado en sus trabajos analíticos la presencia del arseniato de hierro en las aguas. Sádaba y Sánchez Delgado afirmaron que “atendiendo a su mineralización podía citarse entre los más notables de Europa y ocupar, con justicia, la atención del mundo científico”.

Croquis de perfil del establecimiento de aguas minero-medicinales de La Fe, en el Portillo de La Mina (Moralzarzal) donde se puede observar el desmonte, el pozo y la tubería que llevaba al agua al edificio donde se embotellaba el agua. Fuente: Estadística Minera de España, 1911.

En 1913 la Guía descriptiva de la Compañía de los Caminos de Hierro de España cita la existencia del Balneario de Moralzarzal y, en 1920, las Aguas de la Fuente de La Fe aparecen en la relación de Establecimientos Balnearios y de aguas minero-medicinales oficialmente reconocidos de España.

En 1925 la Estadística Minera de España cita que el establecimiento de aguas minero medicinales de La Fe ha estado en explotación y aparece ese mismo año en el Anuario-Guía de Playas y Balnearios de España de este año.

Resulta, en primer lugar, que según el investigador que pone en duda la bondad de estas aguas, había dos “manantiales”. Aunque en rigor no eran tal, ya que tenían un carácter superficial, y un caudal y temperatura variables. Un manantial, La Fe, brotaba a 1026 metros, en el mismo Portillo de La Mina. Otro, La Fe Perseverante, lo hacía a 976 metros, suponemos que hacia el Este, donde actualmente está el campo de maniobras militar. El manantial y la explotación de las aguas minero-medicinales que menciona la Estadística Minera (cuyo croquis reproducimos en este post) se refiere al primero.

Volviendo a las analíticas, nuestro investigador en cuestión se queda sorprendido de la coincidencia casi exacta de la cifras de  los datos analíticos de ambos análisis (La Fe y La Fe Perseverante), a pesar de estar realizados en distintos momentos y por diferentes personas.

Pero es que dicho experto realiza nuevos análisis de estas aguas, concretamente de La Fe,  y los compara con los análisis realizados en 1888, y comprueba que es un agua de baja mineralización, con niveles elevados de radón, alto contenido en hierro, si bien los de arsénico son insignificantes. Concluye, que no deja de ser un agua de montaña ferruginosa y con ligera radiactividad con posibles indicaciones terapéuticas. Vamos...que no es para echar cohetes...

Pero hay algo en este rompecabezas que no encaja. Dos posibles comienzos, dos manantiales, ¿dos empresarios?, una sola explotación que sobrevive al siglo XIX, y una concesión minera de 12 hectáreas que incluye una pequeña gruta, donde parece nacer el agua....

Foto: Gruta encontrada dentro de la concesión minera del establecimiento de aguas minero-medicinales de La Fe, en el Portillo de La Mina. En época de lluvias, el agua rezuma por las paredes de dicha gruta. Autor: Miguel Ángel Soto.

Antonio "Zárate" en la entrada de la gruta. Foto: Miguel Ángel Soto

Todo indica que el éxito o el fracaso de esta empresa, un balneario de aguas minero-medicinales, dependía de poder garantizar una riqueza acuífera subterránea,...cuando el humilde Portillo de La Mina solo podía ofrecer un caudal temporal y sin grandes alardes. El carácter subterráneo de las aguas tiene que ver también con su mineralización y propiedades, por eso se construyó el pozo-balneario del Portillo de La Mina, donde parece que la gente subía a "tomar las aguas" en mulas desde la Estación de Villalba.

¿Debemos dudar de las aguas de La Fe? ¿Había mucho ruido y pocas nueves en el Portillo de La Mina? Es pronto para afirmarlo, pero es obvio que todavía nos queda mucho por averiguar sobre esta aventura empresarial.


Fuentes utilizadas para la realización de este post:

sábado, 14 de mayo de 2011

Las minas de plata de Moralzarzal

Durante los siglos XVI y XVII se explotaron minas de plata en Moralzarzal. Por algo nuestro pueblo era considerado un "importante" del Real de Manzanares. Hemos encontrado documentos escritos y trabajos de investigación que hablan de las minas del Moral, a partir de los cuales hemos podido escribir su historia entre 1556 y 1643.

Por si aquello salía bien, el Rey Felipe II quiso quedarse con la mina y la Corona de Castilla incautó la mina (una expropiación vamos...). Posteriormente, por las minas de Moralzarzal pasaron aventureros y gentes sin futuro, pero también mineros experimentados y personajes relevantes de la época, algunos con experiencia en la minería en el Nuevo Mundo. Estuvo también la nobleza trujillana, los Orellana Chaves. Aunque suponemos que todavía quedan cosas por descubrir, en este post hacemos un resumen de lo que sabemos hasta ahora. 

Al contrario de la cantería de granito, cuya huella ha permanecido en el paisaje y la tradición oral - por no hablar de las importantes fuentes documentales e incluso la fotografía moderna- las huellas de la minería antigua en nuestro suelo han sido desdibujadas por el tiempo. Aún así, hemos podido saber de la existencia de restos de explotaciones mineras en nuestra localidad. Tampoco era tan difícil, ya que la minería metálica practicada entre los siglos XVI y XVII ha quedado marcada en nuestra toponimia: Portillo de la Mina, Cerro de Las Minas y Arroyo de la Mina.

Para entender esta historia conviene tener presente dos cosas: la primera, que el Reino de Castilla protagoniza la conquista del Nuevo Mundo y estamos en pleno apogeo del primer imperio moderno (Carlos V, Felipe II), con enormes costes económicos para mantener el orden en todas las fronteras, pero en especial en Europa; y segundo, que la plata era el mineral estratégico, metal que los españoles estamos explotando en Perú y México y trayendo en flotas bien custodiadas hasta el Puerto de Sevilla para pagar las deudas y a los ejércitos en Flandes.

En este contexto, se pensaba que la experiencia americana se podía repetir en nuestro suelo y el optimismo de la época ayudaba a pensar que el subsuelo español tenía también grandes riquezas minerales.

Así, tras el descubrimiento en 1555 de ricos yacimientos de plata en Guadalcanal (Sevilla), se desató una fiebre minera en el resto de Castilla,  que llevó a numerosos aventureros, plateros y alarifes (maestros mineros) a buscar plata en la Sierra de Guadarrama, en localidades como Becerril, Cerceda, Hoyo de Manzanares y Moral (el actual Moralzarzal).

El primer personaje que protagoniza la búsqueda de plata en este tiempo y en esta comarca es Diego Ortega Ojalvo, vecino de Palencia y de profesión “buscador de minas”. Diego Ortega Ojalvo encontró, registro y explotó minas en, al menos, El Moral y El Escorial. Su actividad era financiada por miembros de la burguesía castellana como Jerónimo de Salamanca y Ortuño de Bakio. Es en 1563 cuando Salamanca contrata a Diego Ortega Ojalvo, “que tenía registrada en 1563 una vena de plata y otros metales que estaban cerca del Moral junto a la cual había otros pozos y aporta 50.000 maravedíes”.

El Rey Felipe II necesitaba plata, e hizo valer su derecho real sobre los recursos minerales. Esperanzado con futuros resultados, incautó la mina de Diego Ortega en 1567: “auiéndolo sauido el secretario Françisco de Eraso, le envió a llamar y pidió el metal y registro de la mina y después de auer hecho él de nueuo el  ensaye, le dixo que dexare el trato con Gerónimo de Salamanca y lo pasase a V. Magd., de quien reçiuirian mas merçed que de otro ninguno y así la quito a Gerónimo de Salamanca”.

Una vez bajo el control de la Corona, Diego Ortega pide continuamente al rey ayuda en forma de técnicos especializados, ya que tuvo que despedir por incompetente al oficial de minas que le envían desde la Contaduría y a contratar a un maestro de minas extranjero .

El año de la incautación de la mina por la corona, en 1567, Diego Ortega se queja de que, “sin ser oficiales ni aver visto minas en su vida, y ansi se ha visto por la obra, porque en ahondando poco más de dos estados después que se acabó el metal lo dexaron (…)”. En otro carta, Diego Ortega pide al Rey que para sus explotaciones “me mande dar provisión del para que en los lugares comarcanos se me den peones para beneficiar la dicha mina con salarios moderados, conforme a como se pagan en los dichos lugares”.

El rastro de Diego Ortega Ojalvo, y con él la minería de plata en El Moral en el siglo XVI se pierde en 1577, cuando nuestro buscador de minas solicita permiso a la corona para la explotación de otros “yacimientos” en o en el entorno de El Moral.

En la segunda década del siglo XVII se vivió una nueva fiebre minera fomentada por los cambios legales y el impulso al sector del Rey Felipe IV. El 10 de noviembre de 1629, la Corona de Castilla dió licencia a Juan de Francisco, vecino de Madrid, para beneficiar una mina de plata, oro y otros minerales, y medio minerales “a estacas de la del Portillo, en Moral, cerro arriba de la que tenía registrada Martin de Soto”.

Martín de Soto es un personaje relevante dentro de la minería del Reino de Castilla en la primera mitad del siglo XVII. Su presencia en El Moral, donde había registrado una mina de plata en 1628, da idea de la relevancia que alcanzó la búsqueda de plata en nuestra localidad.

En 1637, años después de estar dirigiendo la explotación de las minas de plata de Moral, Martin de Soto es nombrado por el rey Felipe III ensayador general de las minas de España, la segunda autoridad minera después del administrador general de la Junta de Minas. Este órgano fue creado por la corona para con el poder de tener decisión y jurisdicción sobre asuntos tocantes a minería.. Su experiencia en la minería novohispana, había sido beneficiador de minas en Perú y Nueva España le hace conocedor del procedimiento de extracción de plata con azogue (mercurio). Por este motivo es llamado en 1631 para ponerlo en práctica en las minas de Cartagena (Murcia).

Las minas de plata de Moralzarzal pasaron por muchas manos en la segunda y tercera décadas del siglo XVII. La última referencia data de 1643, fecha en la que el rey Felipe IV concede a D. Pedro de Orellana Chaves y Maqueda licencia para beneficiar una mina de plata.

La presencia en El Moral de un miembro de la familia de los Orellana y Chaves vinculan la minería de plata en El Moral con la nobleza Trujillana y los primeros conquistadores extremeños (los Pizarro, Alvarado, Bejarano, Mendoza, etc.). En el caso del apellido Orellana, además, con Francisco de Orellana, el descubridor del río Amazonas.

Pese a no existir más referencias a la minería en El Moral en los años y décadas posteriores a 1643, la presencia de este personaje en la vida pública de El Moral parece haber sido relevante. Su escudo heráldico, el de los Orellana Chaves, ha permanecido esculpido en el púlpito de la Iglesia Parroquial de Moralzarzal hasta que ésta fue remodelada a mediados del siglo XX. (ver post del 14 de mayo titulado El origen del escudo heráldico de Moralzarzal)

Aunque no hemos podido encontrar datos, por similitud a otras explotaciones de plata madrileñas es muy posible que Pedro de Orellana Chaves sea, como Martín de Soto y otros mineros anteriores, un retornado del Nuevo Mundo con conocimientos sobre la tecnología extractiva del mineral de plata.

¿Que podemos decir sobre los trabajos y la vida en las minas de plata de Moralzarzal?. Algunos expertos, como Luis Jordá, han reconstruido la forma en que se realizarían las labores mineras para extraer plata en las cercanas minas de Bustarviejo (Madrid) en el siglo XVII a partir de mezcla de cuarzo y otros minerales.

En Moral, y según los restos encontrados, la búsqueda de plata se realizó tanto en pozos (minería subterránea) como en trabajos en superficie a lo largo de los diques de cuarzo que afloran entre las masas graníticas.

Sabemos, por las referencias escritas, que en el caso de los pozos la profundidad de las labores alcanzada al final del siglo XVI era de “dos estados”, algo menos de cuatro metros. Aunque los trabajos durante el siglo XVII debieron seguir en estos pozos ya que profundidad que se ha podido observar en alguno de los pozos supera los 10 metros. Para los trabajos duros, como picar y extraer la piedra, es muy probable que se utilizara mano de obra esclava, bien con penados o con esclavos traídos de África, como ocurría en las minas andaluzas (Guadalcanal, Almaden).

El material extraído debería ser de entre 5 y 20 cm de diámetro y consistiría en fragmentos de cuarzo con mineralizaciones metálicas visibles tales como arsenopiritas, sulfosales de plata, etc. Jordá comenta que este tipo de selección manual fue empleado en la minería de plata en Guadarrama sin apenas variaciones desde sus primeros tiempos, en el siglo XVII, hasta su final en las últimas décadas del siglo XIX.

La clasificación de los canastos con las trozos de cuarzo con “pintas plateadas” se realizaría por muchachos y mujeres en una pequeña cabaña. Las mujeres provistas de martillos de menor tamaño proseguirían reduciendo el tamaño de los granos sobre una piedra base.

Era imprescindible una corriente de agua para la siguiente etapa de concentración de minerales de plata. Así que estos minerales seleccionados bajarían al arroyo en lomos de bueyes o burros. Este uso podría haber dado lugar al topónimo “Arroyo de La Mina”.

Imaginamos que muchachos de unos doce años recogerían los granos plateados sobre un canastillo que ya sería material dispuesto a viajar a la fundición. Se echaría el resto del mineral clasificado sobre una tela basta a modo de tamiz. Otro minero recuperaría esta tela que sometería a un lavado en una artesa atravesada por un canal con agua. Moviendo la tela se lavarían los granos, el metal más pesado atravesaría el tamiz quedando en el fondo de la artesa. Quedaría el material más grueso que no habría atravesado el tamiz y se volvería a triturar a otro yunque. El mineral que ya ha sido concentrado en esta primera etapa sería relavado en un canal o mesa inclinada con una fina película de agua.

Una vez concentrado el mineral de plata este debería viajar a la fundición. Jordá dice que a partir de 1649, momento en el que se pone en funcionamiento la minería en el cerro de la Plata de Bustarviejo, es posible que se llevara allí a aquella fundición el mineral seleccionado de las minas circundantes de Guadalix, Soto del Real, Miraflores y Moralzarzal.  


Fuentes utilizadas:

La revista Hastial, especializada en el Patrimonio Minero Ibérico, ha publicado el resultado de una investigación llevada a cabo durante el año 2010 por un servidor y Antonio López Hurtado (Antonio "Zárate"), donde damos a conocer la historia de las minas de plata de Moralzarzal en los siglos XVI-XVII.

Se puede consultar en:
http://issuu.com/malacate/docs/hastial_1-3?mode=a_p

Y se puede descargar, previo registro, en:
http://issuu.com/malacate/docs/hastial_1-3?viewMode=magazine

También, la investigación ha sido publicada en:

Soto Caba, M.A (2011). Las minas de plata de Moralzarzal (Comunidad de Madrid) en los siglos XVI y XVII. De Re Metallica, 16, 2011, pp.11-19. Sociedad Española para la Defensa del Patrimonio Geológico y Minero. ISSN: 1888-8615. http://www.sedpgym.es/descargas/Metallica/n16_11.pdf