lunes, 31 de octubre de 2011

El sitio de mi recreo

Con motivo del Año Internacional de los Bosques, que se celebra durante 2011, un amigo que estaba preparando un libro sobre bosques me pidió un texto donde explicara cuál era el bosque que más me gustaba, cuál era mi bosque preferido. Después de pensar y darle varias vueltas al asunto, y pese a conocer espectaculares bosques en muchos sitios de España, me di cuenta que el monte que más me hace disfrutar es el que tengo más cerca de casa, el conocido como "Ladera de Matarrubia".

Al texto que envié a mi amigo en su día le he sumado algunos datos y fotos sobre el monte Matarrubia. Aquí va la explicación.

Los pinares de repoblación que forman la Ladera de Matarrubia tapizan las laderas Este y Norte del cerro de Cabeza Mediana, también denominado Cerro del Telégrafo. Panorámica tomada desde el Polígono de la Encinilla. Foto: Miguel Ángel Soto

Mi bosque ideal tiene nombre, se llama Ladera de Matarrubia, y es uno de los 3 montes propiedad de Moralzarzal, junto con la Dehesa de Abajo (o Vieja) y la Dehesa Nueva. Tiene varias medallas: es desde hace más de un siglo un “monte de utilidad pública” y fue considerada  “zona de transición” en el borrador del Plan de Ordenación del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama. Pero no son sus medallas lo que hacen de mi bosque un sitio especial. Lo prefiero frente a otros porque es el que está a lado de mi casa. Es, como decía Antonio Vega, “el sitio de mi recreo”.
Cartel a la entrada del monte "Ladera de Matarrubia". Foto: Miguel Ángel Soto

Para aclararnos. Cabeza Mediana es el nombre original del monte, que por estar coronado por una torre telegráfica también se denomina Cerro del Telégrafo. Cabeza Mediana tiene superficie perteneciente a cinco  términos municipales: Moralzarzal, Collado Villalba, Alpedrete, Collado Mediano y Becerril.  Cuatro de estos cinco trozos de terreno municipal están declarados montes de utilidad pública. El monte Matarrubia, perteneciente a Moralzarzal, es el más grande y con mayor superficie arbolada de los cinco montes que tapizan Cabeza Mediana.  La pequeña cuña perteneciente a Collado-Villalba, por su escasa entidad y por no estar declarado de utilidad pública no lo tendremos en consideración.

GRUPO DE MONTES QUE CUBREN  EL CERRO DE CABEZA MEDIANA

Nombre
Nº del catálogo de MUP
 Término
Municipal
Fecha  incorporación al catálogo
Superficie

Cabeza Mediana
3
Becerril
1901
64
Ladera de Matarrubia
21
Moralzarzal
1901
489,97
Cañal, Ladera y Entretérminos
26
Alpedrete
1901
287,57
Monterredondo
35
Becerril
1901
150

Fuente: Montes de Utilidad Pública de la Comunidad de MadridSerie Técnica del Medio Natural nº 1. Consejería de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio de la Comunidad de Madrid, 2007.


El monte Ladera  de Matarrubia se encuentra formando parte del Cerro del Telégrafo o Cabeza Mediana, 
en el límite Oeste del término municipal de Moralzarzal.

Aunque el monte ha sido propiedad de los vecinos desde antiguo, la mayoría de sus árboles no tienen más de 50 años. Son fruto de las repoblaciones forestales realizadas a partir de mediados del siglo XX. El bosque original, un encinar con enebros, se recupera lentamente tras siglos de persecución. Pero todavía hoy es posible intuir en mi monte las heridas del pasado, que es también la historia común del paisaje forestal español. Mi bosque ha sufrido el paso del fuego en demasiadas ocasiones. A veces por las guerras - fue territorio fronterizo durante la Reconquista- y muchas veces por la costumbre de los ganaderos de usar el fuego para la “regeneración de pastos”. Por mi monte pasaron rebaños de ovejas trashumantes durante siglos y de mi monte salió la leña que los pueblos debían entregar a la Villa de Madrid por mandato Real. Además de la leña, el carbón vegetal y la madera necesaria para la vida del pueblo, incluida la construcción de las casas del pueblo, de mi monte salió la madera para entibar y arrancar el mineral de las viejas minas de plata que se explotaron durante los siglos XVI y XVII. El agua de sus manantiales fue canalizada para dar agua potable al pueblo. Debido a estas “responsabilidades”, mi bosque no era tal a mediados del siglo XX, sino un erial, un terreno yermo, sin árboles. Y aunque ya a finales del siglo XIX hubo intentos de repoblar el monte, el fuego siguió siendo el enemigo número uno.

Antonio Zárate entre los restos de algunas de las construcciones (apriscos de ganado, colmenares, viviendas) que se pueden localizar en el interior del monte Ladera de Matarrubia. Foto: Miguel Ángel Soto

Me gusta mi monte porque tiene sitio para todos. Corzos, jabalíes, conejos, búhos reales y varias especies de águilas conviven con animales y plantas más pequeños pero no menos importantes. Los seres humanos y sus animales domésticos también tenemos sitio. Los pastos están arrendados a los ganaderos, y las vacas rumian en el paisaje todo el año. Los cazadores, que se encargan de repoblar el monte de conejos, patrullan el monte entre octubre y enero. Varios apicultores tienen sus colmenas en los bordes del monte y sus abejas son las responsables de la polinización de muchas plantas. Los amantes de las setas nos adentramos cada año en la espesura a buscar, y a veces encontrar, champiñones, níscalos, parasoles.... Paseantes y deportistas, a caballo, bicicleta o a pié, disfrutan de sus caminos o preparan su próxima maratón. Grupos de niños construyen cabañas, o aprenden a amar la naturaleza buscando ranas y culebras. Ejecutivos agobiados por el trabajo se pierden en el monte necesitados de sentir el crepitar de la pinocha bajo sus pies o el olor de los romeros, las jaras y los enebros. Cuando hay trabajos forestales, la leña está a disposición, gratis, de los vecinos. Durante muchas décadas, el granito del monte fue utilizado por la industria de la cantería tan renombrada en esta parte de la Sierra. Mi bosque es muy generoso, siempre lo ha sido.

Vacadas en el Monte Matarrubia. Foto: Miguel Ángel Soto

Ir al monte con mis hijos y mis vecinos es uno de los principales placeres que tengo. En los últimos años hemos plantado algunos fresnos junto a un arroyo y en verano vamos a regarlos. Nos gusta ayudar al bosque a reponerse de sus heridas. A veces también voy solo. Y en estos momentos intento parar de pensar, dejándome invadir por los colores, las formas, los aromas, la brisa y el perfil ondulado de la Sierra de Guadarrama. Me dejo abrazar, me tumbo y siento las caricias de las hojas y la hierba,... pongo mi cabeza sobre la tierra y escucho.

Vista panorámica de Cabeza Mediana desde el Cerro de Las Minas. Foto: Miguel Ángel Soto

Mi bosque preferido, la Ladera de Matarrubia, es un bosque animado. Es un espacio vivo, cambiante y humanizado. El pasado año la Comunidad de Madrid elaboró un Plan de Gestión para eliminar la excesiva densidad de árboles, ya que la repoblación ya se ha establecido y es necesario reducir el número de árboles y favorecer a los mejores que necesitarán más espacio. Y así se reduce el riesgo de plagas e incendios. Otro cambio de cara, nuevamente para mejor. Y la máquina de la evolución, ayudada por el hombre, reponiendo mi bosque de las profundas heridas de su dilatada historia.

Mi monte preferido sólo teme a su peor enemigo, el fuego. Si llega, Dios no lo quiera, tendríamos que volver a empezar de cero. Pero creo firmemente que mi bosque volvería a renacer de sus cenizas para seguir ofreciendo a los vecinos todo lo que tiene. Lo sé por que lo he visto, y porque lo he sentido un día que puse mi oído sobre la tierra.

Estas son mis razones, pero estoy seguro que los que pasean y disfrutan la Dehesa Vieja, la Dehesa Nueva o cualquier otro entorno natural de nuestro pueblo también tienen sus buenas razones para amar su particular “sitio de mi recreo”. Y para defenderlo. 

Por cierto ¿alguien sabe que significa Matarrubia?

miércoles, 21 de septiembre de 2011

De los excursionistas a los veraneantes

Como vimos en el anterior post, la historia de Moralzarzal está vinculada a las corrientes higienistas y a la idealización (¿fascinación? ¿mito?) que se generó en el seno de la burguesía y las clases cultas madrileñas en torno a la salubridad y tranquilidad de la Sierra de Guadarrama.

Además del impulso que supuso la buena fama de las aguas de Moralzarzal, nuestro pueblo también creció al rebufo del interés científico y los primeros excursionistas que empezaron a ver la Sierra de Guadarrama con otros ojos.

El interés por la Sierra de Guadarrama se había iniciado en las últimas décadas del siglo XIX, y partía de un grupo selecto y minoritario de científicos e intelectuales. Mientras que los entomólogos recorrían la Sierra en busca de nuevas especies para la ciencia, los geólogos y botánicos, nacionales y extranjeros, buscaban restos de glaciarismo y recolectaban plantas. Esta corriente de descubrimiento de la Sierra de Guadarrama como espacio para el ocio, el deporte y el estudio de la naturaleza fue coetáneo con el movimiento pedagógico representado por la Institución Libre de Enseñanza encabezada por Francisco Giner de los Ríos. Esta institución acogió y promovió las primeras inquietudes excursionistas, por lo que desde un principio el excursionismo en Guadarrama tuvo una dimensión educativa muy característica.

En 1886 se fundó la Sociedad para el Estudio del Guadarrama, en 1893 la Sociedad Española de Excursionismo, y a principio del siglo XX la Sociedad Gimnástica Española, la Sociedad Militar de Excursiones o la agrupación Peñalara “Los Doce Amigos”. En 1908, el mismo año de la creación del Club Alpino Español, el discípulo de Giner de los Ríos, Bernardo de Quirós,“descubre” la Pedriza de Manzanares, visitada antes sólo por cabreros, bandoleros y algún ocasional geólogo.
Noticia aparecida en el diario La época de 7 de enero de 1912, donde relata diversas vicisitudes de los jóvenes "con el atrevido propósito de escalar la cumbre de Peñalara, en plena nieve".

Y el descubrimiento de la sierra y sus virtudes, el nacimiento del excursionismo, trajo consigo un nuevo fenómeno que empezaría a influir de lleno en el crecimiento urbanístico de los pueblos situados en las faldas de la montaña madrileña, incluido Moralzarzal.

En el primer tercio del siglo XX, hasta el comienzo de la Guerra Civil, la nueva costumbre del veraneo fue un motor de la creación de nuevo núcleos estables de viviendas temporales para pasar los fines de semana y los veranos huyendo de los calores de la capital. Como en el caso de los agüistas y los excursionistas, quienes primero se apuntan a la moda del veraneo son la burguesía y la aristocracia.

Aunque el nuevo fenómeno de los veraneantes empezó su capacidad transformadora del paisaje en lugares donde llegaba el ferrocarril (el caso más cercano lo tenemos en Collado-Villalba, cuyo pueblo fue pronto superado por Villalba-Estación), el fenómeno se propagaría a los núcleos de población colindantes. Las urbanizaciones se llamaban “colonias veraniegas” y las nuevas casas o chalets eran nombrados como “hoteles” o "villas", que recibían nombres que reflejaban en algunos casos su función recreativa (en Moralzarzal tenemos algunos buenos ejemplos: El Encanto, Villa Sol, La Madriguera, etc.) Y estas primeras colonias y hoteles se construyen en El Escorial, Guadarrama, Cercedilla, San Rafael, El Espinar, Collado Mediano, Villalba o La Granja.

A partir de la cartografía del Instituto Geográfico Nacional de los años 1923 y 1945 hemos intentado establecer el comienzo y la dimensión de este fenómeno en Moralzarzal. Si bien el periodo que estamos analizando es anterior a la Guerra Civil española, consideramos que el mapa del IGN de 1945 es una aproximación más certera a la situación urbana con anterioridad a este acontecimiento. 

Detalle de la hoja del mapa 1:50.000 del Instituto Geográfico Nacional del año 1923 donde se observan las nuevas construcciones  u "Hoteles" a la derecha del casco histórico de Moralzarzal






Detalles de la hoja del mapa escala 1:50.000 del Instituto Geográfico Nacional del año 1945 donde se observa el "Hotel" construido al final de la línea del ferrocarril de El Berrocal y el Hotel Santillana, más conocido como Casa de Torrego o del Marques de Torrelaguna, en las proximidades de Cerceda.

Como vimos en el post del 29 de mayo de 2011 (La inexistente unión entre Moral y Zarzal), los mapas del núcleo urbano de Moralzarzal de 1891 y 1918 no muestran en este periodo una expansión en superficie ni un mayor volumen edificado en el núcleo urbano de Moralzarzal. 

Pero un nutrido grupo de viviendas construidas por los veraneantes antes de la guerra civil se construyeron en fincas situadas en el interior de la trama urbana original, el casco histórico. Sería el caso de las villas que todavía existen en  la Calle de la Iglesia.




Nombres de las villas u hotelitos construidos en la Calle de La Iglesia.
Fotos: Miguel Ángel Soto

Además de estas nuevas construcciones en el "casco histórico", y como vemos en el siguiente detalle cartográfico de 1945, el crecimiento del núcleo urbano de Moralzarzal generado por la nueva demanda se produjo en un primer momento en el triángulo formado por la Avenida de la Salud (en el antiguo "Cerrillo de La Fragua"), la Calle de las Eras y la Calle de España. Posteriormente la expansión de las nuevas construcciones se realizo a lo largo de la calle Antón, en las calles colindantes con la Iglesia y enfrente de El Raso.

Detalle de la hoja del mapa 1:50.000 del Instituto Geográfico Nacional del año 1945. Además de un mayor número de construcciones en torno a las Calle de las Eras, ha desaparecido la referencia a "Hoteles" y empiezan a aparecer nuevas construcciones a lo largo de la actual Calle Antón.

¿Y quienes estaban interesados en Moralzarzal y empezaban a vivir en estos "Hoteles"? 

En el año 1925 la colonia de veraneantes en Moralzarzal estaba compuesta por algunos personajes relevantes de la vida social, económica y política de la capital, y dicho colectivo colaboró económicamente para el cierre de la finca de El Raso con el objeto de celebrar allí las fiestas veraniegas, según recoge el historiador Jesús Martín en su libro Historia de Moralzarzal. Además de algunos “importantes” como el médico de Moralzarzal, Carlos de España, se encontraban vocales de la Junta Directiva de la Unión Mercantil de Madrid, el futuro Secretario General de Correos y Telecomunicaciones (en el periodo 1940-1942), un torero, numerosos militares, algunos de cuerpo de farmacéuticos del Ministerio de la Guerra, altos funcionarios de Hacienda, etc.

El personaje más relevante fue sin duda Manuel Portela Valladares, gobernador general de Cataluña (marzo-abril de 1935) y ministro de la Gobernación en dos ocasiones. A finales de 1935 fue Presidente del Gobierno de la II República, dirigiendo un gobierno centrista hasta febrero de 1936. Fue durante estos años convulsos previos a la Guerra Civil cuando eligió Moralzarzal para descansar y pasar los fines de semana, en un “Hotel” que alquiló en la calle de la Salud.

Pero en este post merece destacarse entre los veraneantes ilustres a Manuel Ontañón, que formó parte de la Junta Directiva de la Institución Libre de Enseñanza y fue profesor de esta institución en las colonias infantiles de verano de 1918, 1919 y 1930. Sólo añadiremos un dato más al interés de este movimiento educativo y excursionista por esta zona de la sierra: uno de los fundadores de la Institución Libre de Enseñanza, Manuel Bartolomé Cossio, murió en Collado Mediano en 1935.

La historia del excursionismo madrileño es en buena parte la historia de la Sierra de Guadarrama, y los primeros excursionistas fueron los miembros de la Institución Libre de Enseñanza, algunos de los cuales eligieron Moralzarzal como lugar de veraneo. Todo un honor.







Nombres de dos de las villas u hotelitos construidos en la Avenida de La Salud. 
Fotos: Miguel Ángel Soto




Nombres de dos de las villas u hotelitos construidos en la Calle de las Eras. 
Fotos: Miguel Ángel Soto

Fuentes utilizadas:
  • La Época, 7 de enero de 1912.
  • CASADO DE OTAOLA, Santos (1997). Los primeros pasos de la ecología en España. Publicaciones de la Residencia de Estudiantes. Serie Estudios. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
  • MARTÍN, Jesús. (2007). Historia de Moralzarzal. Ayuntamiento de Moralzarzal
  • Hoja 508 (Cercedilla) del mapa 1:50.000 del Instituto Geográfico Nacional, años 1923 y 1945.
  • BERNARDO DE QUIRÓS, Constantino. (1905). Peñalara. La Productora de Ediciones-El Museo Universal. Edición Facsimil 1992.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Buscando a los agüistas de Moralzarzal

Seguimos dándole vueltas al tema del último post, el manantial y balneario de La Fe del Portillo de La Mina.

En aquellos años de principios del siglo XX, a los que gustaban de tomar las aguas en los manantiales de aguas minero-medicinales, generalmente gente pudiente, se les llamaba “agüistas”. ¿Y cómo eran los agüistas de nuestro balneario de Moralzarzal?

Todavía no los hemos encontrado, pero sabemos de que pelo eran y como gozaban los visitantes que acudían a los establecimientos de la “competencia”, los dos balnearios que había en el pueblo de Guadarrama: La Porqueriza y La Alameda.
Detalle del mapa del IGN de 1923 donde se puede observar el manantial de La Porqueriza y la Colonia del Doctor Rubio (arriba a la izquierda y centro) y el Balneario de La Alameda, en el mismo pueblo de Guadarrama.

Pero empecemos por el principio. Entre 1877 y 1898 se produjo la época de esplendor y madurez de la hidrología médica en España. Esta ciencia aplica las cualidades de las aguas minero-medicinales para resolver los problemas de salud. Los avances científicos, en especial los análisis químicos, permitió que el sistema de salud se institucionalizada e, incluso, se convirtiera en una moda y un símbolo de estatus social.

Las iniciativas empresariales para construir balnearios en la Sierra de Guadarrama estuvieron promovidas por la burguesía y la aristocracia madrileña. El balneario no sólo era un centro sanitario, era un lugar de encuentro, de vida social, con pautas de comportamientos establecidas y saludables.
Tertulia de los distinguidos agüistas de La Porqueriza. Foto: revista El Gráfico, 1904. 

Y aunque en la Sierra de Madrid no existía la tradición y la historia de otras regiones españolas, donde las termas y fuentes romanas habían derivado en populares y afamados balnearios, la montaña madrileña se empezó a exaltar como espacio para la salud y el bienestar. La salubridad se convirtió en estos años en el espejo donde se miran los madrileños y la prensa exalta las virtudes y milagros del aire y los paisajes de la sierra. Todo ello repercute en la creación de sanatorios, residencias y manantiales de salud, manantiales donde se embotellaban aguas con propiedades curativas y en cuyas cercanías se ofrecían estancias en bellas colonias con encanto

El ferrocarril tuvo una incidencia clave en el desarrollo de este tipo de establecimientos. Durante muchos años, allá a donde llegaban los caminos de hierro, se convertían en el medio de transporte de elección para los agüistas, sin otro posible competidor. En el año 1861 se inauguró el ferrocarril de Madrid al Escorial, pasando por Villalba, y el negocio floreció.En las siguientes  décadas se descubrieron, registraron y declararon de utilidad pública varios manantiales.

Detalle de la provincia de Madrid del Mapa y Consultor Estadístico Hidro-Mínero-Medicinal de la Península Ibérica, editado en 1903, en el que aparecen detallados los balnearios de La Porqueriza y Guadarrama y su conexión con la estación de tren de Villalba.  

Una década más tarde, la guía descriptiva de los ferrocarriles españoles de 1913 (una especie de guía Michelín pero de ferrocarriles) mencionaba que la estación de tren de Villalba es punto de acceso a los balnearios de La Alameda (9 km) y aguas de La Porqueriza (12 Km), ambos en Guadarrama, y la de Moralzarzal (10 Km).

El origen de la fama de estas aguas es incierto. En La Porqueriza, por ejemplo, circuló la leyenda de una sanación de una piara de cerdos (otros fuentes dicen que el milagro obró en un perro) en los lodos de la fuente. El caso es que de la moda y las nuevas tendencias higienistas se pasó a la exageración y la propaganda. La revista El Gráfico publicó el 10 de agosto de 1904 un extenso artículo sobre las aguas de La Porqueriza, en Guadarrama, en que se afirma que las aguas de este manantial “podían competir con otras muchas de gran nombradía”. El artículo alababa las virtudes de la vida en la colonia veraniega: “Aromas de flores que embalsaman el aire salutífero de la montaña, adorable quietud que tanto place después del agitado torbellino de la vida cortesana, deliciosa temperatura, buena instalación, cocina excelente; todo contribuye a que los meses estivales transcurran en la Colonia con la rapidez y el encanto de un sueño color de rosa”.
Anuncio de la Colonia del Doctor Rubio, cerca del manantial de La Porqueriza (Guadarrama) 
en el diario ABC del 9 de junio de 1908

Del Balneario de La Alameda, también en Guadarrama, el ABC del 28 de junio de 1906 publicó un propagandístico artículo en el que se decía “que el servicio esmeradísimo y la comodidad que representa tener el magnífico manantial dentro del balneario, hacen que, sin disputa, pueda calificarse como uno de los mejores de España“siendo las aguas más radioactivas de España”.
Anuncio sobre el balneario de La Alameda (Guadarrama) en El Liberal del 4 de enero de 1906.


No acababan aquí las hipérboles. En otro artículo exaltando las virtudes de este último balneario, el ABC del 1 julio de 1906 escribía que “pocos lugares habrá en España más pintorescos; pues el balneario está situado en una de las mayores alturas de la sierra de Guadarrama”. Ese mismo año, pese a haber transcurrido tan solo 8 meses desde su inauguración, los propietarios ya habían obrado milagros, pueshan logrado felicitaciones y enhorabuenas expresivas de enfermos curados y de los médicos de todas partes que han tenido ocasión de conocer el prodigioso efecto de las aguas de La Alameda.

Agüistas tomando las aguas en el manantial de La Porqueriza en 1904. 
Foto: revista El Gráfico, 1904
Imagen actual del manantial de La Porqueriza. Foto: Miguel Ángel Soto

En este contexto empresarial, donde la prensa se hace eco del interés de las clases acomodadas por las virtudes de las aguas de la Sierra de Guadarrama, la Estadística Minera de España informa en 1911 del manantial de agua medicinal arsenical ferruginosa titulada La Fe, en el Portillo de la Mina, Moralzarzal. Según el autor, que ha visitado el establecimiento (ver anterior post) numerosos expertos y análisis químicos alaban la calidad de las aguas de este manantial, llegando a afirmar la publicación que “atendiendo a su mineralización (el manantial) podía citarse entre los más notables de Europa y ocupar, con justicia, la atención del mundo científico”.
Ruinas del balneario del Portillo de La Mina, en las proximidades del manantial minero-medicinal de La Fe.

En 1911 todavía no había abierto el balneario de la Fe, sólo funcionaba la embotelladora de aguas minero-medicinales. Pero, curiosamente, fue el establecimiento que permaneció abierto durante más tiempo, al menos entre 1893-1930. La Declaración de Utilidad Pública es anterior a la de las aguas de La Porqueriza o La Alameda y todo parece indicar que el establecimiento seguía abierto incluso cuando los balnearios de Guadarrama ya estaban cerrados.

Pero nuestro balneario era modesto y en nada se parecía a los de Guadarrama. Observando las ruinas del edificio donde ¿pernoctaban? los agüistas es obvio pensar que éstos no gozaban de los lujos y el glamour que ofrecían las instalaciones competidoras. Mientras los agüistas de los balnearios de Guadarrama llegaban en coche desde la estación de tren de Villalba, los de La Fe tenían que subir en caballerías hasta el Portillo de La Mina; si en La Porqueriza tenían un cocinero francés, es fácil pensar que el menú en La Fe no alcanzara ese rango; los agüistas de los balnearios de Guadarrama se entretenían en amenas tertulias, en el casino y los niños jugaban al “croquet”, ¿cómo se entretenían los agüistas de la humilde montaña cebollera?

Según la propaganda oficial, el Marqués de Grijalbo, la Condesa de Valmaseda, distinguidos sportman del momento y famosos cronistas (periodistas) de la época acudían a Guadarrama ¿Pero que tipo de personajes se tomaban las aguas de La Fe?


Detalle del reportaje de la revista El Gráfico sobre los agüistas de La Porqueriza. Puede observarse en la foto de la izquierda  a los agüistas acercándose en burros a beber el agua desde la Colonia del Doctor Rubio y, a la derecha, el coche que conectaba la estación de tren de Villalba con la Colonia.

El Portillo de La Mina, montaraz y solitario, era más espartano, más monacal, más austero. El propietario, construyó un acceso al pozo con fuertes muros de piedra donde los agüistas podían bajar a tomar las aguas bajo un techado. Pero quizás estemos especulando demasiado....
Muros que contienen el pozo donde los agüistas del balneario de La Fe bajaban a tomar las aguas. Foto: Miguel Ángel Soto

Hay algo frustrante en esta historia. Las aguas de Moralzarzal, a diferencia de las de Guadarrama, tenían una larga tradición: la Fuente de la Salud, que se remonta, al menos, hasta el siglo XVII (ver post del 4 de junio). Además, fuimos los primeros, ya que los dos primeros manantiales en descubrirse y declararse de utilidad pública fueron los del Portillo de La Mina: La Fe y la Fe Perseverante (ver post del 4 de agosto). Moralzarzal partía con ventaja dada la fama de sus aguas y su pronta iniciativa empresarial, pero Guadarrama tenía mejores comunicaciones. Una putada.

Lo cierto es que el manantial y balneario de La Fe ayudó sin duda a propagar las bondades de Moralzarzal como lugar de veraneo: buenos accesos a Madrid a través de la estación de tren de Villalba, buena fama de sus aguas y paso obligado de los excursionistas que se dirigían a La Pedriza.

Excursionistas...ese será el motivo del próximo post.



Fuentes utilizadas:
  • Mapa y Consultor Estadístico Hidro-Mínero-Medicinal de la Península Ibérica, 1903. 
  • Revista El Gráfico, 10 de agosto de 1904.
  • El Liberal, 4 de enero de 1906.
  • ABC del 28 de junio de 1906.
  • ABC del 1 julio de 1906.
  • ABC del 8 de julio de 1908.
  • Estadística Minera de España, 1911.
  • Guía descriptiva. Compañía de los Caminos de Hierro de España. Verano de 1913.
  • Martín, J. (2007). Historia de Moralzarzal. Ayuntamiento de Moralzarzal
  • Hojas 508 (Cercedilla) del mapa 1:50.000 del Instituto Geográfico Nacional, año 1923.
  • Esplendor de la hidrología médica Española. Historia de la Sociedad Española de Hidrología Médica. Siglo XIX. Balnea nº 69, 2006, núm. 2: 61-71.

jueves, 4 de agosto de 2011

Dudas sobre La Fe en el Portillo de La Mina

Mucha gente desconoce que en Moralzarzal hubo un establecimiento de aguas minero-medicinales y un balneario durante la época dorada de la medicina hidrotermal (últimas décadas del siglo XIX y primeras del siglo XX), años en los que huir del mundanal ruido de la ciudad, tomar aguas con propiedades medicinales y pasar el verano en un balneario era, además de muy "chic", remedio para muchos males. Algo habíamos empezado a contar en este mismo blog en el post del 4 de junio titulado "La Fuente de la Salud".

Con motivo de la investigación que Antonio Zárate y un servidor tenemos abierta sobre este manantial y balneario de aguas minero-medicinales de "La Fe", localizada en el Portillo de La Mina, hemos encontrado textos que, además de hacer más compleja la historia, introducen ciertas dudas sobre la bondad de estas aguas.

Vista del estado actual del establecimiento de  aguas minero-medicinales de La Fe, en el Portillo de La Mina. A la derecha se observan las ruinas del edificio de la embotelladora, construida con anterioridad a 1911. A la izquierda, las ruinas de un edificio mayor construido posteriormente a 1911 y que pudieron servir para dar cobijo a los visitantes al Balneario. Delante de este edificio se encontraba la trinchera con el pozo con el manantial de "La Fe".  Foto: Miguel Ángel Soto

Las dudas proceden de una investigación fechada en el año 1997 (no citaremos todavía el estudio), donde se afirma lo siguiente: “Las aguas de este manantial son de origen superficial, por lo que su caudal es irregular, llegando a desaparecer en las épocas de estío. Por esta razón, desde el momento en que comenzó su explotación, fue muy controvertido el carácter medicinal de sus aguas”.

¿Dudas sobre "La Fe"? Sorprende este comentario ya que desde un principio estas aguas fueron apreciadas por su contenido en hierro y arsénico y, posteriormente, por su carácter radiactivo, figurando en la Guía Oficial de 1908 como agua arsenical, ferruginosa, fuertemente nitrogenada y radiactiva. Estas aguas se recomendaron para combatir catarros, dermatosis escrofulosas y herpéticas, la tuberculosis, la anemia y la clorosis y como reconstituyente. ¡¡ Y se dispensaban en varias farmacias de Madrid para combatir la tuberculosis ¡¡
Mapa-croquis de la embotelladora de aguas minero-medicinales de la Fe, en el Portillo de La Mina (Moralzarzal) según la Estadística Minera de 1911.


Pero, antes de seguir debatiendo sobre las analíticas, hagamos un breve recorrido por este establecimiento/balneario de aguas minero-medicinales. Algunas de estas informaciones han sido ya publicadas por Antonio "Zárate" en su página http://www.conocermoralzarzal.com/fuentes.htm, por lo que aconsejamos una visita a dicha página para ver los anuncios y noticias que la prensa del momento recogía sobre este "famoso" balneario madrileño.

No están claros todavía los comienzos. Según unas fuentes, en torno a 1875 comienzan los trabajos de investigación por parte del primer propietario, Ramón Manrique de Lara. Según otras, en 1881 el Ingeniero Hidráulico Alfonso Richard descubre el manantial y solicita la autorización legal para explotar sus aguas. Ese mismo año se realiza el primer análisis químico a cargo de D. Laureano Calderón. En 1883 se informa del análisis de las aguas de La Fe por parte de dos farmacéuticos de Madrid, D. Ricardo de Sádaba y D. Victor Sánchez Delgado. En 1888, D. Benito Torá y Ferrer analiza las aguas de “La Fe”. Nuevamente, en 1890, D. Enrique Falces y Odiaga analiza las aguas de “La Fe Perseverante”. En 1891 llega por fin la Declaración de Utilidad Pública. El propietario es Ramón Manrique de Lara. En 1893/1894, sale a concurso la plaza de Médico Director de baños y aguas minero-medicinales de Moralzarzal, que será cubierta en 1896 por D. Eduardo Moreno Zancudo, que procede de los baños y aguas de Nanclares de Oca. En 1907 las aguas de la Fuente de La Fe reciben el premio otorgado por la Exposición de Industrias Madrileñas como expositores de productos. En 1909, las aguas de La Fe se dispensan en dos dispensarios antituberculosos de Madrid.
Restos de botellas de vidrio en los alrededores del manantial de aguas minero-medicinales de La Fe. El agua era embotellada y vendida en varias farmacias de Madrid
Foto: Miguel Ángel Soto

En 1911, la Estadística Minera de España informa por primera vez del manantial de agua medicinal arsenical ferruginosa titulada La Fe, en el Portillo de la Mina. Se cita que diferentes químicos, cómo Sádaba, Sánchez Delgado, Torá, Puerta y otros, han evidenciado en sus trabajos analíticos la presencia del arseniato de hierro en las aguas. Sádaba y Sánchez Delgado afirmaron queatendiendo a su mineralización podía citarse entre los más notables de Europa y ocupar, con justicia, la atención del mundo científico”.

Croquis de perfil del establecimiento de aguas minero-medicinales de La Fe, en el Portillo de La Mina (Moralzarzal) donde se puede observar el desmonte, el pozo y la tubería que llevaba al agua al edificio donde se embotellaba el agua. Fuente: Estadística Minera de España, 1911.

En 1913 la Guía descriptiva de la Compañía de los Caminos de Hierro de España cita la existencia del Balneario de Moralzarzal y, en 1920, las Aguas de la Fuente de La Fe aparecen en la relación de Establecimientos Balnearios y de aguas minero-medicinales oficialmente reconocidos de España.

En 1925 la Estadística Minera de España cita que el establecimiento de aguas minero medicinales de La Fe ha estado en explotación y aparece ese mismo año en el Anuario-Guía de Playas y Balnearios de España de este año.

Resulta, en primer lugar, que según el investigador que pone en duda la bondad de estas aguas, había dos “manantiales”. Aunque en rigor no eran tal, ya que tenían un carácter superficial, y un caudal y temperatura variables. Un manantial, La Fe, brotaba a 1026 metros, en el mismo Portillo de La Mina. Otro, La Fe Perseverante, lo hacía a 976 metros, suponemos que hacia el Este, donde actualmente está el campo de maniobras militar. El manantial y la explotación de las aguas minero-medicinales que menciona la Estadística Minera (cuyo croquis reproducimos en este post) se refiere al primero.

Volviendo a las analíticas, nuestro investigador en cuestión se queda sorprendido de la coincidencia casi exacta de la cifras de  los datos analíticos de ambos análisis (La Fe y La Fe Perseverante), a pesar de estar realizados en distintos momentos y por diferentes personas.

Pero es que dicho experto realiza nuevos análisis de estas aguas, concretamente de La Fe,  y los compara con los análisis realizados en 1888, y comprueba que es un agua de baja mineralización, con niveles elevados de radón, alto contenido en hierro, si bien los de arsénico son insignificantes. Concluye, que no deja de ser un agua de montaña ferruginosa y con ligera radiactividad con posibles indicaciones terapéuticas. Vamos...que no es para echar cohetes...

Pero hay algo en este rompecabezas que no encaja. Dos posibles comienzos, dos manantiales, ¿dos empresarios?, una sola explotación que sobrevive al siglo XIX, y una concesión minera de 12 hectáreas que incluye una pequeña gruta, donde parece nacer el agua....

Foto: Gruta encontrada dentro de la concesión minera del establecimiento de aguas minero-medicinales de La Fe, en el Portillo de La Mina. En época de lluvias, el agua rezuma por las paredes de dicha gruta. Autor: Miguel Ángel Soto.

Antonio "Zárate" en la entrada de la gruta. Foto: Miguel Ángel Soto

Todo indica que el éxito o el fracaso de esta empresa, un balneario de aguas minero-medicinales, dependía de poder garantizar una riqueza acuífera subterránea,...cuando el humilde Portillo de La Mina solo podía ofrecer un caudal temporal y sin grandes alardes. El carácter subterráneo de las aguas tiene que ver también con su mineralización y propiedades, por eso se construyó el pozo-balneario del Portillo de La Mina, donde parece que la gente subía a "tomar las aguas" en mulas desde la Estación de Villalba.

¿Debemos dudar de las aguas de La Fe? ¿Había mucho ruido y pocas nueves en el Portillo de La Mina? Es pronto para afirmarlo, pero es obvio que todavía nos queda mucho por averiguar sobre esta aventura empresarial.


Fuentes utilizadas para la realización de este post:

domingo, 12 de junio de 2011

La Dehesa Vieja nos pertenece

En el año 2012 se cumplieron 150 años de la protección de la Dehesa Vieja,  también llamada Dehesa de Abajo, un espacio que ha formado parte de la vida social y económica de Moralzarzal durante muchos siglos. Pero más allá de la protección oficial, sobre el papel, los cebolleros llevamos defendiendo este espacio desde, al menos, el siglo XVI.
El monte Dehesa Vieja y Robledillo, con la silueta del Yelmo y la Pedriza al fondo. Foto: Miguel Ángel Soto.
La Dehesa Vieja son realmente dos montes que suman 59 hectáreas de superficie: 54 hectáreas la Dehesa Vieja y 5 hectáreas Robledillo. Como el resto de los montes públicos del municipio (Matarrubia y Dehesa de Arriba), forma parte del Catálogo de Montes de Utilidad Pública (MUP) desde 1862, fecha en la que fue incluida para preservarla de las tendencias desamortizadoras del siglo XIX. En 1958 el monte se inscribió en el registro de la propiedad y su deslinde fue aprobado en 1969.
Mapa-croquis de la Dehesa Vieja y Robledillo, con  sus fincas colindantes.
Fuente: Expediente del Monte de Utilidad Pública Dehesa Vieja y Robledillo

Es importante reseñar cual es el origen del concepto de utilidad pública aplicado a los montes. Este concepto se enmarca en el proceso derivado de la política desamortizadora, especialmente en la llamada Ley Madoz de desamortización general de 1855, en la que se exceptuaban de la desamortización varios grupos de bienes, entre los que se incluían algunos montes y otros terrenos de aprovechamiento común. En el año 1859 se aprobó y publicó la Clasificación General de los Montes Públicos, que representó el primer inventario sobre el patrimonio forestal de titularidad pública del Estado. Esta clasificación de los montes y el establecimiento de la categoría de los inalienables del ámbito público por motivos de interés general representó el primer paso para el establecimiento del Catálogo de montes de utilidad pública, aprobado por el Real Decreto de 22 de enero de 1862. La calificación de utilidad pública otorga a los bosques la naturaleza jurídica de dominio público y, en consecuencia, pasan a ser inalienables, imprescriptibles e inembargables.

La Dehesa Vieja es lo que se conoce como una “Dehesa Boyal”, un espacio de uso común donde pastaban los animales de tiro que realizaban las tareas de transporte de carretas o el laboreo agrícola. Durante muchos siglos el Ayuntamiento arrendaba incluso su siembra, o la extracción de piedra, aunque quedando siempre una parte importante del año para el ganado de los vecinos.

Antes incluso de obtener el título de villa del Real de Manzanares, durante el siglo XVI, los montes del pueblo como la Dehesa Vieja se encargaban de cubrir la demanda de carbón vegetal y leña que desde la capital del Reino, Madrid, nos obligaba a enviar periódicamente carretadas de estos recursos a la capital. Al hablar del deterioro de los espacios forestales y la consiguiente disminución de los terrenos productores de madera, leña y carbón, los historiadores mencionan ya estos flujos entre la Sierra hasta la llanura que comenzaron en tiempos de Felipe II.

El aprovechamiento de nuestros montes públicos, como la Dehesa Vieja, siempre ha sido posible cuando nos ha hecho falta. En 1861, cuando el Gobernador Civil nos pidió que pudiéramos los medios para construir el Ayuntamiento y dentro de él dedicar una parte a la escuela, le contestamos que se podía hacer siempre y cuando nos permitiera cortar el monte de la Dehesa Nueva y los resalvos de la Dehesa Vieja, y del dinero que se sacara más otras partidas se podría acometer la obra. En 1920 el Ayuntamiento autorizó la roturación para el cultivo en la Dehesa Vieja y Robledillo, por la cantidad de 2.400 ptas. Pero dicho cultivo no suponía un cambio de uso predominante del monte.

Los Moralzarzaleños hemos tenido que defender con uñas y dientes la propiedad y el uso común de este monte. Según cuenta el historiador Jesús Martín Ramos en su Historia de Moralzarzal, en el año 1609 los vecinos de Moral y Zarzal decidieron pleitear con La Mesta al haber sido acusados de arar y sembrar tierras de la cerca del Robledillo y otros montes del pueblo que pertenecían a Moralzarzal. El Honrado Concejo, una organización ganadera con mucho poder en la época y cuyo entregador residía en Manzanares, quería hacer uso libre de los montes del pueblo. Para devolver el dinero prestado de las multas los vecinos tuvimos que llenar carretadas de leña y jaras para pagarlas.

Las amenazas y los intentos de utilizar la Dehesa en contra de los intereses generales del pueblo son también historia. En 1933, se solicitó la concesión de terrenos en las fincas Dehesa Vieja y Robledillo para construir una colonia veraniega. Puesto que el monte ya estaba declarado de Utilidad Pública dicha construcción fue desautorizada desde el Servicio Forestal.

Ante las amenazas a este espacio (ayer el Colegio o una carretera, hoy un campo de Golf) los moralzarzaleños necesitamos unirnos para defender la Dehesa Vieja. Hay que hacer un esfuerzo por revalorizar nuestra dehesa boyal y sentirla como un espacio de todos, libre y sin infraestructuras. Un espacio forestal, de fresnos, robles y prados. Un testigo de nuestro pasado, de cuando dependíamos de la tierra. Un espacio donde puedan mirarse también las próximas generaciones.


Fuentes utilizadas para la realización de este post:
  • Manuel Valdés, C.M. (1996). Tierras y montes públicos en la sierra de Madrid (sectores central y meridional). Serie Estudios. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Secretaría General Técnica.
  • Martín Ramos, J. (2007). Historia de Moralzarzal. Ayuntamiento de Moralzarzal.   
  • Expediente del Monte Nº 20-22 de Utilidad Pública "Dehesa Vieja" y "Robledillo" de Moralzarzal. Comunidad de Madrid. 

    sábado, 4 de junio de 2011

    La Fuente de la Salud

    ¿De donde procede la buena fama de las aguas de Moralzarzal? ¿Qué pasó con la Fuente de la Salud?. De esto vamos a hablar en este post.


    Cartel de entrada de la Colonia "Fuente de la Salud", situada en las proximidades de la antigua Fuente de la Salud, de donde manó agua hasta mediados del siglo XX. Foto: Miguel Ángel Soto
    La “fuente de la salud” es un topónimo frecuente en la geografía española. Algunas de las fuentes de la salud más famosas son las de Lanjarón, por sus cualidades minero-medicinales, o las de Sabadell, por la tradición religiosa ligada al lugar.

    Existen también “fuentes de la salud” en El Padul (Granada), Baena y Priego (Córdoba), La Aliseda (Jaén), Tortosa (Castellón), Gavá (Barcelona), Medyo Cudeyo (Cantabria), Boñar (León), Riocavado de la Sierra (Burgos) y en las ciudades de Palencia o Valladolid. En Madrid, hubo una fuente de la salud en las proximidades de la ribera del Manzanares, y existe actualmente varias fuentes de la salud en los parques del Oeste y el Retiro. La patrona de la ciudad catalana de Sabadell (Barcelona) es “Nuestra Señora de la Fuente de la Salud” y existe en Traiguera (Castellón) un "Real Santuario Virgen Fuente de la Salud”.

    Algunos historiadores señalan que estas tradiciones podrían tener su origen en la adoración romana a las ninfas, las diosas de las fuentes. Y de esta adoración procede también la tradición de arrojar monedas a estas fuentes, tradición que permanece en numerosos manantiales españoles próximos a lugares sagrados, como los de la Cueva de la Virgen de Covadonga, en Asturias, o el manantial que nace bajo el Monasterio de Silos, en Burgos.

    Cuando en la segunda mitad del siglo XIX comenzó el auge del hidrotermalismo en algunas de estas localidades, como Lanjarón, La Aliseda o Tortosa, el carácter benefactor de las aguas de estas fuentes, avaladas por siglos de tradición, desembocó en la creación de fuentes minero-medicinales y balnearios. Esta experiencia también se intentó en Moralzarzal, con las aguas del Portillo de La Mina pero, como explicaremos algún día, el proyecto tenía demasiados inconvenientes...

    En Moralzarzal, la referencia más antigua que tenemos sobre la existencia de una “fuente de la salud” es del siglo XVII, y aparece en uno de los dos volúmenes de la obra “Registro y relación de minas de la Corona de Castilla”, del sacerdote Tomás González, que fueron publicados en 1832 por encargo del Ministro de Hacienda de Felipe VII. En dicha relación, aparece la siguiente referencia:

    En Madrid a 16.IX. 1632. Cédula de S.M. concediendo licencia a Juan Navarro para beneficiar en término del lugar de Moral, jurisdicción del Real de Manzanares, las minas siguientes de plata y otros metales: “una enfrente de un cerro que se llama Peñacardin y la Madroñera, al camino que va al Hoyo y la Atalaya; y la otra frente a un cercado, derecho del Moral, que caía una chorrera, al lado de dicha mina y estaba un cuarto de legua poco más o menos, teniendo a su lado la fuente que dicen de la Salud”.

    Por tanto, la fuente de la salud se localizaba en las proximidades de las minas de plata de Moralzarzal, minas que ya se explotaban con seguridad en la segunda mitad del siglo XVI. La historia de estas minas así como su correcta ubicación ha sido publicada en varias revistas especializadas (ver post en este mismo blog del 14 de mayo de 2011).

    Desde esta ubicación original, a cierta distancia del pueblo, las aguas de la fuente de la salud se debieron canalizar en algún momento del siglo XIX (aunque todavía no hemos encontrado datos sobre esto), ya que la buena fama de las aguas del pueblo era conocida en Madrid a finales de ese siglo. El historiador Jesús Martín Ramos recoge del libro “Crónica de los pueblos de Madrid” que los madrileños que iban de excursión a la Sierra venían a Moralzarzal a coger garrafas de las aguas ferruginosas y nitrogenadas de la “Fuente de la Salud” que se hallaba ubicada en la entrada del pueblo, junto al actual kiosco Puskas. Dicha fuente se inauguró durante los días de las fiestas del mes de octubre de 1897

    Antonio “Zárate” opina  en su web que esta ubicación de la fuente se perdió durante el siglo XX a causa del crecimiento del pueblo. Antonio también recoge su hallazgos en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional (como la noticia aparecida en el periódico La Correspondencia de España, del 3.XII.1923) donde se comenta una excursión desde Villalba a la Pedriza (Manzanares el Real) que menciona esta fuente sin nombrarla explícitamente: "llégase a la entrada de Moralzarzal, que se deja a la izquierda, precisamente en el kilómetro 11 de la carretera; a la derecha de la bifurcación se encuentra una fuente de agua riquísima, muy estimada en aquellos alrededores".
    Actual "Fuente de la Salud", en Moralzarzal, al lado del  Kiosco Puskas, en cuyas proximidades estuvo  el manantial conocido como "Fuente de la Salud" Foto: Miguel Ángel Soto
    Posteriormente la fuente de la salud estuvo ubicada en la confluencia entre la calle Galeno, Avenida de la Salud y la esquina con calle Morales. Hoy en día, en la calle España, al lado del Kiosko Puskas, sigue existiendo una fuente de piedra con el nombre de Fuente de la salud.

    Pero volvamos a la Fuente de la Salud original, la que estaba en el Cerro de Las Minas. Por su ubicación, los cebolleros perdimos para siempre el carácter público de esta fuente en 1855, durante la Desamortización de Madoz, una de las leyes de mayor transcendencia territorial en la historia de España. El estado obligó a subastar un monte, la Ladera de las Suertes, de 330 hectáreas, que era de propiedad municipal.

    Fue una gran pérdida. En esos años todavía no se había producido el boom de la medicina hidrotermal y no supimos defender el enorme potencial que tendrían en años venideros estas aguas. Los cebolleros no sólo perdimos una tradición histórica, un vínculo con nuestro pasado. Perdimos la posibilidad de seguir disfrutando, presumiendo - y también explotando económicamente- unas aguas minero medicinales de gran tradición. Aguas que hoy en día están en manos privadas.

    Por eso, cuando en la segunda mitad del siglo XIX algunos cebolleros emprendedores quisieron explotar económicamente la buena fama de las aguas mineromedicinales del pueblo. Pero esa es otra historia y no hay tiempo para contarlas ahora.


    Otras entradas relacionadas:

    Buscando a los agüistas de Moralzarzal

    La lucha de los hermanos Magallón contra la tuberculosis

    Ideales y negocios: Carlistas en Moralzarzal


    Fuentes utilizadas para la elaboración de este post:
    • González, T (1832). Registro y relación de minas de la Corona de Castilla. Obra también citada en Historia de Moralzarzal, de Jesús Martín Ramos.
    • Soto Caba, M.A. (2011). Las minas de plata de Moralzarzal. Contribución al conocimiento de la minería madrileña en los siglos XVI-XVII. Hastial, Revista digital del Patrimonio Minero Ibérico nº 1, 2011.http://issuu.com/malacate/docs/hastial_1-3?mode=a_p
    • Montejano Montero, Isabel. 1983. Crónica de los pueblos de Madrid. Delegación de Cultura, Deportes y Turismo. Madrid, 1983.
    • Conocer Moralzarzal (http://www.conocermoralzarzal.com/fuentes.htm)
    • Manuel Valdés, C.M. (1996). Tierras y montes públicos en la sierra de Madrid (sectores central y meridional). Serie Estudios. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Secretaría General Técnica.
    • Martín Ramos, J. (2009). Historia de Moralzarzal. Ayuntamiento de Moralzarzal.